viernes, 28 de octubre de 2011 | By: Casa de libros perdidos

Hablamos con... Irene Vallejo

Aprovechando la ocasión de que hoy hemos hablado de la presentación del libro "La luz sepultada", y que después os pondremos la reseña, hemos querido publicar la entrevista que le hemos hecho a Irene Vallejo, la autora del libro. Esperamos que os guste!

La primera de ellas gira entorno a la época en la que situas la novela. ¿Por qué la Guerra Civil?

Creo que la Guerra Civil es un gran tema, que nos fascina y nos inquieta al mismo tiempo, pero en todo caso no nos deja indiferentes. La prueba es que se escribe mucho y se hacen muchas películas y series, que en gran parte, me temo, acaban siendo panfletarias o maniqueas. Frente a todo eso, lo que yo quería plasmar en la novela  era algo más humano, menos esquemático: los matices que existieron en un periodo marcado por los radicalismos, la relación entre la política y la vida, las metamorfosis que sufren las relaciones humanas bajo el peso del miedo. Ese tercer bando que en todos los conflictos es el perdedor, el de quienes no querían el enfrentamiento y saben que una guerra es un tremendo naufragio de personas y de ideas.

Irene Vallejo
¿Ha sido difícil crear la ambientación de la novela?

El esfuerzo de imaginar la atmósfera que rodea a los personajes es una de las partes más fascinantes de la tarea del escritor. En mi caso, trabajé sobre relatos orales, hablé con muchas personas sobre sus recuerdos de la época y luego intenté crear una ambientación fiel a lo vivido por todos ellos. Lo más difícil es conseguir que la época recreada esté presente pero no pese demasiado: se trata de que el lector se sienta dentro de una ficción que le parezca verdadera, no dentro de un museo construido con palabras.

¿Hubo que dedicarle mucho tiempo a la documentación ?

Pasé varios meses leyendo libros de memorias, obras de historia y, sobre todo, mirando fotografías. Fue un periodo muy interesante dedicado a profundizar en el periodo de los años treinta y tratar de revivirlo dentro de mí. El escritor tiene la suerte de que dejarse llevar por su curiosidad y aprender forma parte del oficio.

De la novela, una de las cosas que más nos ha gustado ha sido la neutralidad en cuanto a los dos bandos ideológicos que se enfrentaron durante el conflicto. ¿Fue difícil ser neutral? 

Esa ecuanimidad, ese tono sereno que yo buscaba era uno de los grandes desafíos de la novela. Al mismo tiempo, creo que nuestra generación, nacida en democracia, tiene la capacidad de aportar una mirada nueva y más tranquila sobre la Guerra Civil. Con “La luz sepultada” hice un esfuerzo, porque, en mi opinión, la memoria intenta preservar el pasado para que le sea útil al presente y a los tiempos futuros.

Irene Vallejo
 Al ver que los dos personajes masculinos protagonistas son el espejo de cada una de las ideologías, ¿resultó más complicado darle vida a uno frente al otro? ¿Lo tuviste claro desde un principio que padre e hijo fueran de ideologías diferentes?

Las diferentes ideologías de los protagonistas eran un punto de partida necesario para la trama de la novela. De esa forma se evitan las simplificaciones burdas. Además, me interesaba mucho el tema de las relaciones entre padres e hijos. Hay entre mis personajes, que pertenecen a tres generaciones de la misma familia, grandes diferencias en su forma de entender el mundo y de vivir sus vidas, pero a pesar de los choques y las esperanzas defraudadas, existe un profundo vínculo de afecto. Los lectores se pueden ver retratados en ese retrato familiar.

Nos hemos dado cuenta de que haces muy presente la sensación del calor estival durante toda la novela, ¿Querías hacer partícipe al lector de las sensaciones de los personajes?

Recuerdo que cuando leí “El extranjero” de Camus me impresionó mucho el momento en el cual el personaje protagonista declara que cometió su absurdo crimen “a causa del calor”. Describir con precisión el calor me parecía una manera de transportar al lector al ambiente opresivo de la guerra, de acercarle a la sinrazón de aquel verano. Por otra parte, quería experimentar literariamente con el suspense a pleno sol. Lo más habitual es elegir escenarios oscuros, fríos y nocturnos para crear terror. Yo prefería recrear el miedo en medio de una luz cegadora.

¿Cuál de todos los personajes ha sido el más querido?, ¿Y el que más ha costado elaborar?

El personaje del periodista Alejo es quizá el más querido. Aparece en un momento de gran tensión y crea un clímax en parte por lo que revela y en parte por su atractivo erótico. Resultó más difícil construir el personaje del comandante Dámaso Peñafiel, en el que hay una inquietante mezcla de poder y ambigüedad, de misterio y de secretas intenciones. Me costó elaborarlo porque quería dejar al lector libre para decidir sobre él y su papel en la acción.

Si tuvieras que reescribir la novela, ¿modificarías algo?

Los aspectos que más me importaban y en los que volvería a centrarme son el ritmo de la novela y la humanidad de los personajes. Ahora me gustaría tener la oportunidad de hablar con los lectores del libro, a través de los clubs de lectura o de mi página en Facebook, y saber gracias a ellos qué fallos y aciertos encuentran en la novela. Sus opiniones me ayudarán a hacer la necesaria autocrítica.

Una vez acabada la novela, ¿Qué se siente cuando se ha terminado de escribir la historia?

Sentí un feliz cansancio. Escribir es un proceso muy intenso, casi obsesivo, en el cual la novela me acompaña a todas partes, es como un sueño del que en ningún momento despierto totalmente. Cuando escribo me transformo, observo a las personas que me rodean, a la caza de gestos, rasgos de carácter, de palabras que les doy a mis criaturas de ficción. Al terminar “La luz sepultada” tenía muchas ganas de pasar al otro lado de la barrera y volver a sentirme sencillamente una lectora que abre libros ajenos y se deja llevar.

Y ahora, ¿Qué planes hay para un futuro cercano?

Sigo publicando mis artículos y mis columnas semanales, que me sirven para seguir en contacto con el público. En los próximos meses me dedicaré a presentar y acercar “La luz sepultada” a los lectores y a la vez daré forma a un nuevo proyecto de novela.

¿Cual es el primer relato o autor que recuerdas haber leído? 

Es, claro, un cuento infantil. En la época en la que todavía no sabía leer, me apasionaba un libro de fábulas de animales. Con la insistencia que tan bien saben usar los niños para vencer por agotamiento a los adultos, conseguía que mis padres me lo leyeran una y otra vez.

¿Qué libro ha sido el que te ha dejado huella, el que más te ha impactado? 

Me siento una lectora afortunada: los libros que me han impactado han sido muchos a lo largo de los años. Si tengo que nombrar uno solo, citaría “La Odisea”, porque su belleza mediterránea y el espíritu de aventura que late en ella me deslumbraron tanto que acabé estudiando filología clásica.

¿Y el autor favorito? 

Entre los escritores vivos me impresiona mucho J. M. Coetzee. Creo que es un autor con un universo propio y con una maravillosa capacidad para entender el corazón humano.

¿Podrías recomendarnos algún libro a la gente que hemos disfrutado con "La luz sepultada"?

Para los lectores que aprecian los relatos vibrantes que entretejen la gran historia con las pequeñas historias íntimas, sugiero “Los perros negros” de Ian McEwan. Al hilo del relato de un amor que naufraga, recorre los grandes acontecimientos europeos desde la Segunda Guerra Mundial a la caída del Muro de Berlín, reflexionando de una forma apasionante sobre la existencia del mal. 

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